Un viaje de razón, fe y verdad

Un camino de investigación de la A a la Z

Una hoja de ruta lógica, paso a paso, para abordar las enseñanzas islámicas con racionalidad, claridad y propósito.

El Puente

La preservación del mensaje y de la religión mediante el imamato

En breve

El texto preservado necesita un traductor vivo e infalible; pues la sabiduría que hizo obligatorio el envío del Profeta hace obligatoria la continuidad de la gracia con un Imam albacea designado por texto de Dios, que preserve el mensaje y explique su interpretación tras él.

Las indagaciones anteriores allanaron el camino a un rumbo racional gradual que comienza en el conocimiento del Creador, Su sabiduría y Su gracia, y luego pasa a la necesidad del mensaje, la revelación y la infalibilidad del transmisor. Este rumbo no se completa con la ausencia del Profeta (), porque la necesidad que probó la exigencia del mensaje no termina con su mera transmisión, sino que permanece en su preservación, su explicación y su salvaguarda de la desviación.

Pues, si la gracia divina exigió el envío de un profeta infalible para la guía del ser humano, la exigencia de esta misma gracia es que el mensaje no se deje tras el Profeta sin una fuente infalible que preserve su significado y su continuidad. Y con ello el imamato no es una cuestión política que surgió de un conflicto histórico tras la partida del Mensajero (), sino un resultado racional al que llegan las indagaciones anteriores, y que nos lleva a la fe en el imamato designado por texto en tanto que una extensión de la preservación divina de la religión.

1. De la deficiencia de la herramienta y la esterilidad de la relatividad a la necesidad de la brújula absoluta

El enfoque racional riguroso concluye que el ser humano es un ser compuesto de materia y espíritu. Y, pese a todos los saltos materiales que ha logrado, la ciencia y la tecnología le otorgan al ser humano «la herramienta, el poder y la amplitud del tiempo», pero son del todo incapaces de otorgarle «la brújula, el fin y el regulador ético». Pues el mundo de la materia y el cuerpo lo cubre la ciencia empírica con las herramientas del laboratorio y la inducción, y es incapaz de percibir las causas de lo oculto, mientras que el mundo del espíritu y la legislación lo cubre la religión y la revelación (), con fijeza en los fundamentos y flexibilidad en las ramas.

Y sobre la base de este orden metódico, cae la pretensión de la relatividad de la religión; pues es un sistema integrado que parte de verdades cognitivas absolutas que rechazan la fluidez relativa sofística tal como rechazan la rigidez literal. Y, dado que el Creador Sabio, de saber absoluto, es la fuente de la legislación, el mensaje divino se convirtió en una necesidad existencial y cognitiva absoluta que exige la sabiduría del Hacedor y hace obligatoria la necesidad de la criatura; pues representa el único puente que vincula al ser humano con su fin existencial y con las verdades del otro mundo a través de la ley del Corán unificada y la aplicación humana infalible.

2. El dilema de la desviación histórica y su remedio radical

Cuando miramos la historia de los mensajes, hallamos que la desviación de las religiones anteriores, la transformación de sus contenidos y su devenir en algo semejante a un folclore aislado, no fue un defecto en su fundamento monoteísta, sino que fue el producto del conflicto del bien y el mal, de los caprichos de las almas y de la intervención de los tiranos déspotas, con la ausencia de la documentación y de la salvaguarda del texto tras la partida de los profetas (la paz sea con ellos).

El mensaje islámico sellador remedió esta desviación de raíz; pues su texto divino se preservó de la alteración y la desaparición. Pero, dado que la muerte es un hecho ineludible para los profetas, la sabiduría divina que hizo obligatorio hacer llegar este mensaje exige necesariamente la continuidad de su salvaguarda y su protección de la alteración y del caos de las interpretaciones humanas tras la partida del Mensajero supremo (). Pues el texto silente preservado necesita siempre un trujamán vivo e infalible, que lo proteja de la proyección de los caprichos y de los razonamientos humanos relativos.

3. La fundamentación demostrativa de la obligatoriedad del imamato y del testamento divino

Fundándose en esta firmeza cognitiva, la razón dictamina la ineludibilidad de la existencia de una sucesión continua de la línea de la profecía, que es la sucesión verdadera que no se encarna en un mero poder político que administra los asuntos de este mundo, sino en el rango del «imamato» divino infalible, el único habilitado, por el texto de la designación, para preservar los secretos de la ley religiosa y conducir a la humanidad hacia la perfección deseada.

  • Un rango divino, no una elección humana: los seres humanos, cuya deficiencia de saber y cuya incapacidad de formular una constitución espiritual independiente quedaron probadas, son necesariamente más incapaces de elegir a quien representa la voluntad divina y porta las cargas de la explicación de la religión y de su infalibilidad. Por ello, la razón y la lógica concluyen que el imamato () es un rango divino puro, y una sucesión determinada por designación y recepción autorizada de Dios, glorificado y ensalzado, y no por la elección de los seres humanos ni por la consulta de los caprichos relativos.

  • Una ley histórica y un término coránico genuino: esta sucesión designada por texto no es una novedad del dicho ni un invento islámico advenido, sino que es una ley divina constante que acompañó la marcha de los profetas (la paz sea con ellos) a través de la historia. Pues el Sagrado Corán () afianza «el imamato» como un pacto divino sublime que alcanzó el profeta Abraham () tras la profecía y la amistad íntima:

Dijo: Voy a hacerte guía de los hombres. (2:124)

Y, así como la sabiduría divina dispuso para cada profeta un «albacea» que custodiara su ley religiosa y explicara su interpretación —como el profeta Aarón (), que fue el albacea de Moisés () en su vida, y Josué hijo de Nun () después de él, y la historia del albacea del profeta de Dios Salomón () (Asaf ibn Barjiya)—, la ley religiosa selladora, dominante sobre la ciencia y orientadora de sus valores, es más digna de esta salvaguarda divina continua.

El resumen

Las premisas concluyen en un resultado cierto: el imamato es la extensión existencial y funcional ineludible de la profecía. Pues, si «la revelación descendida» exige un mensajero infalible que sea designado desde el cielo —que es el Profeta supremo ()—, «la interpretación y la preservación» exigen un Imam albacea infalible que sea designado por texto desde el cielo también; para que la puerta de la guía permanezca abierta y se realice el fin eterno: el itinerario consciente, la servidumbre voluntaria y la elevación continua hacia el Creador, glorificado y ensalzado.