Un viaje de razón, fe y verdad

Un camino de investigación de la A a la Z

Una hoja de ruta lógica, paso a paso, para abordar las enseñanzas islámicas con racionalidad, claridad y propósito.

La Custodia

El imamato, el califato del mensaje: la extensión del monoteísmo y la necesidad racional de la infalibilidad y el respaldo divino

En breve

El imamato no es un cargo político humano que se elige, sino una extensión doctrinal del monoteísmo y de la profecía, en la que la razón hace obligatorios la designación divina, la infalibilidad absoluta y el saber infuso para salvaguardar el mensaje tras el Profeta.

Introducción: el imamato como necesidad existencial, no como cargo político

Cuando se plantea la pregunta del califato o el imamato tras la partida del Mensajero supremo (), el pensamiento político tradicional tiende a reducir la cuestión a su dimensión administrativa y mundana, describiéndola como un mero cargo de gestión y ejecución cuyo asunto vuelve a la elección de los seres humanos, al proceso de las urnas o a la consulta ordinaria. Sin embargo, la lectura profunda y metódica de la verdad de la religión, de la estructura del ser humano y de la finalidad de la creación revela la inconsistencia de esta reducción y prueba que el imamato es una institución divina por necesidad, y un nudo existencial que completa el proyecto del mensaje.

El imamato, en su verdad, no es un contrato social humano, sino que es una extensión doctrinal y esencial del fundamento del monoteísmo y la justicia divina. Y en este artículo desmontaremos las pruebas racionales y filosóficas que prueban la ineludibilidad de la designación divina del Imam, la obligatoriedad de su infalibilidad absoluta y su respaldo con un saber infuso y oculto, hasta aclarar cómo el monoteísmo verdadero niega la vanidad y exige el imamato como rama ineludible del mensaje.

1. La secuencia doctrinal de los rangos de la guía (el monoteísmo, la profecía, el imamato)

Para comprender el origen del imamato, es imprescindible partir de la raíz fundamental de toda la ley religiosa, que es el monoteísmo.

La cadena de la guía:

El monoteísmo verdadero

↲ La profecía y el mensaje (una rama de él)

↲ El imamato infalible (una rama de ella)

1. El monoteísmo verdadero y la exención de Dios de todo acto vano

El en el islam no es un mero reconocimiento mental del poderío del Creador y de Su unicidad numérica, sino que es la fe en Su sabiduría absoluta y en Su justicia. El monoteísmo verdadero es la exención de , glorificado y ensalzado, de la vanidad y el error. No es razonable ni lógico para un Señor sabio y conocedor crear este universo complejo, crear al ser humano con su constitución singular, y luego dejarlo abandonado sin fin, o dejarlo debatiéndose en las tinieblas de la ignorancia y el capricho sin una autoridad clara que lo conduzca hacia la perfección que le ha sido decretada.

2. La profecía es una rama del monoteísmo

Dado que Dios está exento de la vanidad, y dado que el fin de la creación es la guía y el llegar a Su conocimiento, bendito y ensalzado, fue parte de la sabiduría del Creador enviar a los profetas y los mensajeros. La profecía (), pues, es la encarnación palpable de la regla de la gracia divina y de Su cuidado por los seres humanos. La profecía es una rama directa del monoteísmo; porque negar la profecía es negar la sabiduría divina, afirmar la vanidad en la creación y suspender el fin de la guía.

3. El imamato es una rama de la profecía y una extensión de ella

Si la profecía se interrumpió con la muerte del Mensajero sellador () en cuanto a la recepción de la revelación legislativa, las demás funciones de la profecía no se interrumpieron ni se interrumpirán mientras haya seres humanos sobre la tierra. Estas funciones consisten en: la preservación de la religión de la alteración, la explicación de lo sintético de la ley religiosa, la conducción de la comunidad hacia su perfección espiritual y material, y la realización de la justicia en la tierra.

Sobre la base de esta adhesión, el es una rama ineludible de la profecía; pues el Profeta pone el ladrillo fundacional de la ley religiosa, y el Imam se encarga de salvaguardarla, aplicarla y preservarla a través de las generaciones. Y el monoteísmo verdadero, en su hondura filosófica, no se completa salvo que exceptuemos a Dios de la vanidad y creamos en el imamato; porque afirmar que Dios envió a un profeta durante varios años y luego dejó la religión y la comunidad tras su fallecimiento a merced de los caprichos y los razonamientos humanos contradictorios es la vanidad misma, que contradice la perfección del monoteísmo.

2. Las pruebas de la necesidad de la designación divina y la refutación de la opción de la elección humana

Quien afirma lo contrario puede plantear una visión distinta cuyo contenido es:

«Nos basta con una persona sabia, piadosa y con destreza política que la gente elija y vote para el liderazgo de la comunidad y la ejecución de los juicios».

Este planteamiento, pese a su atractivo aparente, choca con una serie de paradojas racionales y científicas que lo refutan:

1. La paradoja de «la elección del ignorante para el especialista»

Desde el punto de vista racional puro, para elegir al mejor en un campo determinado, debes tener pleno conocimiento de los límites de ese campo y de sus secretos.

  • El ejemplo del médico: si queremos elegir al «más sabio y más entendido» entre los médicos para tratar una enfermedad rebelde, no podemos recurrir a una urna en la que participe el común de las personas ignorantes de la medicina. Para elegir al médico más sabio, debes estar versado en las ciencias de la medicina y conocer con precisión los méritos de los médicos y sus especialidades, para decir que este es mejor que aquel.
  • La gravedad del cargo del califato: el cargo de la sucesión del Profeta y la administración del espíritu, la religión y la sociedad es más difícil, más complejo y más grave que cualquier otra especialidad mundana. ¿Cómo es entonces lógicamente razonable dejar al común de las personas —con sus distintos niveles de conciencia y conocimiento, sujetos a las influencias y a la propaganda— la tarea de elegir y designar a quien representa la extensión del mensaje divino? Esto es una inconsistencia racional evidente; pues el ignorante no posee las herramientas para evaluar al más sabio en los asuntos del reino celestial y de la ley religiosa.

Advertencia y distinción esencial: no estamos aquí contra el proceso electoral democrático en los asuntos y gestiones puramente mundanas (como la administración de los municipios, la organización civil y los intereses humanos cambiantes). Nuestro discurso se centra exclusivamente en el cargo de quien sucederá al Profeta tras su fallecimiento —es decir, quien portará la carga de la tutela del mensaje—. Y, dado que el mensaje es en su origen un rango de investidura divina, el sustituto que porta sus mismas tareas ha de ser un cargo por decisión divina subsiguiente, y no por elección democrática humana.

2. La incapacidad de los seres humanos para evaluar los rangos internos de la fe

Si supusiéramos que las personas buscan realmente al hombre recto y piadoso, caeríamos en un gran problema cognitivo: la rectitud, la fe y el temor de Dios no son atributos rígidos, sino que son rangos y grados graduales que difieren de una persona a otra.

  • No hay ser humano que posea la capacidad de conocer los secretos de los corazones y la hondura de las conciencias para clasificar quién ha recorrido todos los rangos de la fe y ha llegado a su cima oculta.
  • El único que conoce la verdad de la rectitud en el interior del ser humano es Dios, glorificado y ensalzado. Sobre esta base, la única instancia habilitada para nombrar a este «más recto» y designarlo es la voluntad divina, y el apoyarse aquí en la elección humana no es sino conjeturar sobre lo oculto y suponer.

3. La ineludibilidad del saber infuso y oculto y la dualidad «materia y espíritu»

El gobernante designado humanamente, por grande que sea su genio, conserva unas herramientas cognitivas humanas y adquiridas (basadas en el estudio, la experiencia y el error). Y esta incapacidad cognitiva hace que el liderazgo humano puro sea incapaz de realizar la intención de Dios desde tres aspectos:

1. La dualidad del sentido aparente del texto y su sentido interior

La religión y la legislación islámica portan dos dimensiones: aparente e interior.

  • Los muytahides y los sabios pueden igualarse en el conocimiento del «sentido aparente del texto» (las reglas jurídicas formales y lingüísticas).
  • En cuanto al «sentido interior del texto», es un asunto oculto y celestial que comprende las intenciones reales y las causas efectivas de la legislación. La única vía para conocer el sentido interior del texto es la efusión divina y el respaldo señorial. El gobernante humano que conduce a la comunidad solo con los sentidos aparentes de los textos será incapaz, sin remedio, de comprender la esencia de la religión ante los grandes acontecimientos.

2. La dualidad de la materia y el espíritu y la evitación del «materialismo oculto»

El ser humano no es un mero ser biológico material que consume y produce; su gran verdad y su esencia genuina es el espíritu.

  • El espíritu es un asunto oculto reservado al saber del Creador, poderoso y majestuoso. El gobernante recto ordinario puede comprender la naturaleza material y social del ser humano, pero es del todo incapaz de comprender la naturaleza espiritual, su alimento y sus puntos débiles.
  • La gravedad de neutralizar la faceta espiritual: si neutralizamos la faceta espiritual y oculta en la emisión de los juicios legales y en la administración de la comunidad, y nos limitamos a los aspectos materiales mundanos para conducir los asuntos de la religión, habremos caído en el «materialismo» sin darnos cuenta. Y entonces no nos servirá de nada criticar a los filósofos materialistas con un millón de pruebas teóricas y críticas, porque en la realidad de la práctica y la legislación habremos codificado la religión, la habremos convertido en un asunto puramente material y habremos suspendido su esencia espiritual.
  • Por ello, el líder verdadero ha de reunir el conocimiento de la naturaleza biológica y de la naturaleza espiritual oculta del ser humano, lo cual requiere un saber infuso respaldado por Dios, o un saber heredado por completo de forma oculta y directa del Mensajero ().

3. El dilema del juicio con la justicia real

En el juicio humano, las leyes positivas —e incluso la jurisprudencia basada en lo aparente— juzgan por lo que está «encima de la mesa» de pruebas materiales (testigos, papeles, indicios aparentes).

  • Si diez personas profesionales prestaran un falso testimonio y se confabularan contra una persona inocente, el juez humano no respaldado por lo oculto se limitaría a lo aparente y dictaría sentencia, sin remedio, contra este inocente.
  • En un caso así, se ausenta la justicia real, y la sabiduría divina de la creación es herida de muerte, porque la injusticia ha sido legitimada bajo una cobertura legal.
  • Sobre esta base, la razón hace obligatoria la existencia de un líder de la comunidad conocedor de las verdades de las cosas «como son en la realidad y en sí mismas», y no como las presentan y falsean las personas, y este conocimiento no se da sino con un respaldo y un saber oculto directo de Dios.

4. La prueba del «impedimento empírico en las sociedades humanas»

Uno de los mayores errores en los que caen las teorías políticas humanas es tratar a la sociedad humana como un campo de experimentos. Y aquí surge una diferencia esencial:

  • La sociedad de las moscas de laboratorio: en los laboratorios científicos y biológicos, los científicos pueden estudiar seres como la «mosca de la fruta», donde nacen y mueren numerosas generaciones en unos pocos días. Esto le permite al científico observar el efecto de un factor o de una mutación determinada sobre varias generaciones sucesivas de forma rápida y garantizada antes de llegar al resultado y generalizarlo.
  • La sociedad humana compleja: la sociedad humana es mucho más grave; pues el líder que establece la teoría social, la escuela económica o la interpretación religiosa personal es él mismo un ser humano regido por una vida limitada y morirá pronto. Este líder no puede permanecer vivo durante siglos prolongados para ver si su interpretación y su teoría producirán bien para las generaciones venideras o destrucción y desviación.

Los desenlaces del razonamiento humano no respaldado:

  • El engaño de la generación contemporánea: la generación que fue contemporánea del líder puede aplaudir su teoría o su razonamiento, creyendo que es el singular de su época, sobre la base de una prosperidad momentánea o de un interés inmediato estrecho.
  • La maldición de las generaciones posteriores: después de siglos, y con el desarrollo de la humanidad y el descubrimiento de nuevas verdades, las generaciones posteriores pueden descubrir que aquellas teorías y decisiones personales arruinaron al ser humano y fundamentaron la injusticia, la corrupción y la alteración; y así las generaciones posteriores maldicen a aquel líder.
  • La implicación en la sangre y el extravío: el líder humano muere y perece, pero deja tras de sí una comunidad implicada, ya sea en sangre derramada sobre la base de sus decisiones políticas o jurídicas erróneas, o en una desviación doctrinal y espiritual que destruyó a generaciones tras generaciones.

Para evitar la catástrofe histórica que resulta de experimentar con leyes y opiniones individuales sobre los destinos de los seres humanos, la razón exige que este líder esté respaldado y auxiliado por Dios, que conoce lo oculto y sabe de forma absoluta lo que beneficia a las personas y lo que las perjudica a lo largo de los siglos y en el futuro.

5. La prueba de la descarga de la responsabilidad y la ineludibilidad de la infalibilidad absoluta

La obligatoriedad del imamato se vincula con la cuestión de la justicia divina en el ajuste de cuentas y la retribución en el Día de la Resurrección, y de este vínculo brotan dos pruebas decisivas:

1. La prueba de «la descarga de la responsabilidad» ante Dios

Dios, glorificado y ensalzado, es justo, no oprime ni el peso de un átomo. Así pues, si Dios ordena a la comunidad de forma absoluta obedecer a un líder y seguirlo tras el Profeta, es racionalmente imposible que de este líder emane una decisión errónea o un juicio desviado (sea en las adoraciones que se invalidan, o en decisiones políticas y determinantes que conducen a la muerte y a las guerras falsas), y que luego Dios castigue a las personas y les pida cuentas en el Día de la Resurrección por haber seguido a ese líder.

Para que el siervo tenga la responsabilidad completamente descargada ante Dios en el Día del Juicio al seguir al líder, este líder ha de ser infalible y respaldado, que no yerra ni desliza; de lo contrario, si le fuera posible el error, encargar a las personas seguirlo sería encargarles la falsedad, lo cual es imposible respecto de Dios.

2. Los rangos ocultos del capricho del alma

Alguien puede decir:

«Elegimos a un hombre recto y muy piadoso, de modo que no cometa injusticia».

Y la respuesta a ello es que «el capricho del alma» tiene rangos ocultos y muy complejos. El ser humano recto puede rebasar las pasiones materiales aparentes (como el dinero y las mujeres), pero puede caer en rangos ocultos del capricho, como el amor al liderazgo, la pasión de imponer la opinión, o su fascinación con su método particular de reforma y su creencia de que es la verdad absoluta.

Estos deslizamientos anímicos sutiles no pueden dirimirse con el temor de Dios aparente y adquirido; antes bien, exigen racionalmente que esta persona sea infalible con una infalibilidad absoluta (), por testimonio e investidura de Dios (que conoce la traición de los ojos y lo que ocultan los pechos), y no por nuestra pretensión, nuestra intuición y nuestra alabanza deficiente.

El resumen: el imamato completa el monoteísmo y exceptúa la creación de la vanidad

El seguimiento de esta cadena metódica de pruebas racionales y filosóficas nos conduce a un único resultado ineludible del que no hay escape: el califato o el imamato que expresa la extensión del mensaje ha de ser una institución divina por designación y texto, y su titular ha de ser infalible y respaldado por un saber oculto o infuso.

El monoteísmo niega la vanidadexige la profecía para la guíaexige el imamato para preservar la ley religiosa

Las condiciones del imamato racionalmente:

  1. La designación divina (no la elección).
  1. La infalibilidad absoluta (para la descarga de la responsabilidad).
  1. El saber infuso (para la conducción del espíritu y el interior).

Aceptar la teoría de la «designación humana» y el liderazgo no infalible es aceptar —sin que quien lo hace lo perciba— la conversión de la religión en un sistema material de apariencia formal, y arrastrar a la sociedad a un campo de experimentos trágico, y una apuesta con las almas de la comunidad y su religión sobre la base de opiniones personales que mueren con la muerte de sus autores.

En cuanto al monoteísmo verdadero, fundado en la sabiduría absoluta de Dios y en Su exención de la vanidad y el error, es el que vincula la tierra con el cielo con un lazo continuo que no se interrumpe; pues cree que el Dios que inició la guía con la profecía y el mensaje la completó y la preservó con el imamato respaldado, para que la religión permanezca lozana y fresca, y para que se realice el fin de la creación de los seres humanos en el acercamiento a Dios con un espíritu puro, una razón iluminada y una responsabilidad completamente descargada en el Día de la Gran Comparecencia.

El monoteísmo verdadero, fundado en la sabiduría absoluta de Dios y en Su exención de todo acto vano, es el que vincula la tierra con el cielo con un lazo continuo que no se interrumpe; pues el Dios que inició la guía con la profecía la completó y la preservó con el imamato respaldado.